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lunes, 28 de abril de 2014

La Hechicera de las Deidades del tiempo III. ©


La Hechicera de las Deidades del tiempo III. ©


Se podía respirar la calma oscura y profunda como los abismos del espacio;
así fui atesorando kilos de grandeza en cada sueño con migajas de glorias saladas
en los bolsillos, todos habían sido los mismos caminos de siempre, sin maestros
sin guías, sin ninguna tendencia religiosa y sin embargo llevaba el amor desnudo
con el alma a la intemperie, como dos estrellas compartiendo el mismo firmamento.
Sentía el rugir y la vibración del motor del enorme navío en mi espalda;
Presentía como si una descomunal fuerza invisible estuviese protegiéndome desde siempre,
mientras el par de panteras del mascarón de proa custodiaban el rumbo entre las sombras
de la niebla y de las olas que se partían a la mitad contra el tajamar de roda.
Dejaba atrás mis anhelos, lo tenía todo para materializar mi gran misión, pero un impulso
más poderoso que yo me incitaba hacia adelante sin retroceder la visión para indagar
en las pasiones humanas, también buscaba un poco de significado y coherencia a mi razón de ser.
Pero el asombro, la ingenuidad y la fascinación por la incertidumbre era una forma de descubrirme,
tal vez una simple forma de resurgir sin identidad, como parte de “todo el engranaje” de la creación.
Cada milla se impulsaba hacia adelante llevándome a cuestas sin objetar mi existencia.
Así amanecí en medio de la irisada inmensidad infiltrada en mis pupilas,
baje por una pequeña escalera hasta la cubierta principal que se hacía extraordinariamente amplia,
entre por unas espaciosas puertas acristaladas que daban espectacular acogida al salón principal y al lujoso comedor para el opulento publico.
Allí habían largas mesas repletas de frescos y coloridos alimentos deliciosos y exóticos;
así que comí hasta quedar satisfecha, mientras una comisión de marineros de guardia
me daba la bienvenida a bordo, entretanto seguíamos rumbo a la Capital del Imperio.
Durante el trayecto, yo disfrutaba viendo el atardecer que se decoloraba sobre la estela
que dejábamos atrás en la popa, y allí, fui interceptada por una cuadrilla de seguridad del barco,
porque el Capitán del mismo, le urgía mi presencia ante un inconveniente
que estaba intentando solventar urgentemente; así que rápidamente me acerque
al cuarto de derrota al lado de la timonera y me encontré con el capitán del barco, saludándome:
__Buenas tardes Señora! Se preguntara que puede ser tan apremiante para mí, que debo requerir
del amparo de su indiscutible sabiduría! (y prosiguió diciendo:)
__Hace un par de días cuando atracamos en el Puerto Encantado, un distinguido Sabio
Trajo consigo a bordo “unas Sagradas Escrituras” que predicen el fin del mundo; yo tengo
el libro confiscado en una cámara acorazada, puesto que el libro representa una gran amenaza
para mi tripulación y para el mundo entero; allí habla de unas profecías apocalípticas,
descritas con sumo detalle, y entre la más descabellada de todas, hay una que describe
“un barco de la muerte” que llega a tierra firme y contamina a la humanidad
con un virus mortal que no tiene cura y para mi mayor asombro y estupefacción coincide
en cada una de sus especificaciones con este barco en tiempo y ejecución! (Y prosiguió)
__No soy un hombre supersticioso, pero quisiera que usted pueda echarle un vistazo y
así pudiese darme una opinión científica y tranquilizadora, ya que los rumores corren
como la pólvora y mi tripulación junto con el público están bastante alterados y preocupados.
Me quede estupefacta ante aquella explicación del capitán, pero accedí a su petición:
__Señor, será un placer poder investigar a fondo este problema y pondré todo mi empeño
en dar con una explicación satisfactoria para todos cuanto antes!
Así fue como una comisión de seguridad y el capitán de la embarcación me condujo
hasta la cámara blindada donde el famoso libro había sido depositado por seguridad.
Enseguida me fui a mi camarote y comencé a leer, era un libro abominable, una cantidad
de disparates surrealistas sin coherencia aparente, muy cargado de emociones oscuras
y fetichismo religioso, cada línea tenia intrínseca la muerte y la destrucción de la humanidad;
no había un atisbo de salvación por ninguna parte, y lo más asombroso que sobrepasaba
el límite de la desesperanza que podía desmoralizar hasta al más sabio de su época; pero
allí no radicaba el problema, sino en la descripción del barco con minucioso detalle,
coincidía (tal como lo dijo el capitán) en tiempo y ejecución, y según las tenebrosas escrituras
esa noche se produciría una lluvia de estrellas fugaces, que traerían consigo “el temible virus”
que no tenía cura, y el causante de la exterminación de la humanidad.
Yo leí el libro de un tirón y antes de sacar mis conclusiones, me subí a la cubierta del barco
con el libro en mano, donde la noche anterior pude despejar mis ideas para prepararme
con más energía y fuerza para la gran aventura de la vida, y no podía ser cierto, ni real
que un dantesco libro, escrito por quien sabe quién o cual desequilibrado mental fuera
a arruinar mis planes; no era ni lógico, ni razonable desde mi punto de vista, toda aquella
sarta de mentiras, aunque coincidieran en detalles reales, como en la descripción de las cosas.
Una vez allí en la proa y sobre la cubierta, volví a echarme mirando al cielo y preguntándome
que finalidad tendría escribir un libro como ese, para que narrar solo muerte y destrucción
sin escapatoria alguna?... y en ese preciso instante vi una estrella fugaz, y tras ella otra,
y de pronto muchas más, me puse de pie, era una lluvia de estrellas,
entonces volví mi vista hacia el puente, y allí estaban todos viendo el espectáculo,
cuando detalle los costados del barco también estaban repletos de gente,
ensimismada toda la multitud en el evento, de pronto escuche un gran estruendo
y a escasos metros de mí, una de las estrellas fugaces impacto sobre la plataforma de la proa
incendiando de inmediato la cubierta, salieron corriendo los marineros para luchar contra el fuego;
y al cabo de un rato lograron controlarlo, trayendo consigo los fragmentos de la estrella fugaz.
El capitán enseguida me llamo al puente y subí corriendo y al verme, pregunto:
__Señora, Ha leído usted el libro? Si su respuesta es afirmativa, quiero un diagnóstico de la situación.
A lo que yo respondí al capitán:
__Señor, el libro evidentemente es un ingenioso escrito apocalíptico,
que nada tiene que ver con la realidad, escapa a cualquier comprobación científica,
por lo cual yo sugeriría que sea destruido ya que no se puede tildar de sagrado su contenido!.
Y extendiendo mi mano, entregue al capitán el pavoroso libro, para que fuera destruido,
este señor, con cara de asombro, extendió su temblorosa mano y me lo arrebato de un tirón,
diciéndome: __Espero que usted este en lo cierto, señora, de lo contrario será testigo
de una de las peores tragedias de la humanidad y sobre usted recaerá el peso de la culpa
por negarse a analizar una evidente catástrofe!.
Y dándome la espalda en un acto de indignación me dijo: __Puede marcharse!
Así que como ya no tenía ninguna razón para permanecer un solo instante más allí,
Me fui a mi camarote y me dormí sin pensar más en lo ocurrido, tenía la sensación
de que estaban dándole mucha importancia a las conclusiones de un libro de dudosa procedencia.
Al dia siguiente, me desperté de un sobresalto inexplicable, me vestí a prisa y subí la escalinata
hasta la cubierta principal, donde se encontraba el comedor; fue tremenda mi sorpresa
al notar que las mesas no estaban servidas y la gente parecía ausente.
Entonces me lance en una carrera hasta el puente y allí estaba el capitán con cara de aflicción,
Y pregunte: __Señor, que ocurre? Donde están todos? Porque el barco parece ausente?
Y él respondió gritando de desesperación: __Porque están todos enfermos, porque están muriendo,
es que no se da cuenta Señora? Usted podía haber hecho algo y no lo hizo. Pero está sucediendo,
estaba escrito en ese libro, que usted lo subestimo y ahora no hay nada que pueda salvarnos!
Yo detalle cada uno de los gestos del capitán, él estaba convencido de todo lo que decía,
mientras yo me mantenía escéptica a pesar de lo que estuviese ocurriendo, no podía ser real
todo aquello, así que recorrí el barco entero buscando evidencias y lo único que encontré
fue a gente agonizando en cada rincón, gente sin fuerzas, sin esperanza, sin luz en el rostro,
con la mirada perdida en algún lugar de la resignación; yo corrí hasta mi camarote y me mire
en el espejo, me veía bien, me sentía bien, con energías, me sentía más fuerte que nunca y
me preguntaba una y otra vez: que estaba sucediendo?; todo parecía ir bien, hasta que se supo
de la existencia de un supuesto “libro sagrado”, que propago el rumor de la muerte y la destrucción
de un supuesto “virus del más allá”, eran para mí solo simples coincidencias; llegue a la conclusión
de que todo era una “paranoia colectiva” que había contaminado a cientos de personas
con un “virus imaginario”. Me llene de valor y subí de nuevo corriendo las escaleras hasta el puente,
para explicarle al capitán mi conclusión final, con la esperanza de poder hacer “algo” al respecto,
tal vez hubiese una forma de revertir el efecto, reinventando la historia, ya que yo era una
exótica científica a la que llamaban la Hechicera, pero para mayor desconcierto, al llegar al puente
el capitán estaba muerto tendido en el suelo, quizá en su angustia y desconsuelo, se había suicidado.
Vaya viaje más mortífero, los motores estaban apagados y el barco quedo a la deriva; yo sentía
que debía abandonar el barco a la brevedad posible, así que me llene de provisiones y cogí un bote
para largarme lo más rápido posible, hice lo que tenía que hacer y entre una de esas cosas,
fue recoger el nefasto libro que yacía al lado del capitán inerte, y me lance al mar.
Al cabo de 6 días apareció otro barco enorme que me rescato en alta mar; una vez a bordo
se me leyeron “mis derechos” cual prisionera, pero era por una razón “humanitaria”
debía someterme a una exhaustiva investigación, ya que “era la única sobreviviente”
de un “virus mortal, incurable” que azotaría a la humanidad y para evitarlo, era necesario
permanecer en cautiverio. Obviamente, entre las videncias que me encontraron encima
figuraba el famoso “libro sagrado”. El cual estudiaron los más avanzados eruditos de la época.
A mí me hicieron centenares de pruebas y no encontraron nada más humano o sobrehumano
en mi cuerpo, los resultados apuntaban que no había nada que me hiciera “inmune o superior”
a los demás, así que un selecto grupo de médicos, biólogos y científicos, financiados por el Rey
del Imperio, llegaron a conclusión de que “los dioses me habían salvado” por alguna poderosa
razón que escapaba a la percepción humana; esto después de casi un año, me dio el salvoconducto
del Rey Ardid, para ser liberada. Nadie escucho mis explicaciones, ni mis conclusiones acerca
de todo lo ocurrido; y se dijo que todos los mortales que habían sido seleccionado por los “dioses”
por lo general no sabían cómo enseñar su sabiduría y terminaban por el mundo como locos errantes.
En fin, ya no importaba lo que dijeran de mí; era libre nuevamente y esa era mi mayor fortuna.
Tenía que hacer “algo” para no volver a ser prisionera de las paranoias humanas, así que emprendí
un nuevo viaje, lejos de la Capital del Imperio, quería irme a un pueblo cerca del mar donde
pudiera escribir mis vivencias acaecidas hasta entonces, sin mayores ambiciones, que de servir
de guía a la humanidad, para los que querían vivir una vida plena y satisfactoria.
Pero mis planes una vez más fueron saboteados por un nuevo acontecimiento; El Rey del Imperio
había caído enfermo, después de leer el “libro maldito” que me fue arrebatado
cuando me rescataron en medio del mar. Fui llamada al Palacio Imperial, para dar con la “cura”
del Rey, esta vez, era mi obligación encontrar esa cura, “al virus mortal” que estaba propagándose
rápidamente o iría a la horca si “el Rey moría”. Esta vez y sin ninguna otra elección posible,
me presente en el palacio; ya no me sorprendería lo que iba a encontrarme, ya lo había vivido antes.
Y efectivamente, todo el ambiente estaba contagiado de una paranoia colectiva,
al igual que en el barco, era difícil hablar con esta gente, nadie escuchaba nada,
estaban tan sumidos “en la gran desgracia” que era imposible decirles de una forma coherente
“que era un virus imaginario”, que todo lo que estaba escrito era falso.
Me encontré al Rey postrado en su inmensa y majestuosa habitación, bellamente decorada
hermosas ventanas vestidas con estupendas cortinas de seda bordadas en oro,
las vistas de los campos era insuperable, parecía el paraíso terrenal plagado de fuentes,
árboles frutales y una inmensa colección de flores intensamente coloridas y perfumadas.
Al llegar, le hice reverencia, saludando:
__Mi señor, espero que se encuentre usted más animado hoy ante mi presencia.
Y con la voz entrecortada, desesperanza y con tono lloriqueante respondió:
__Señora, espero no haberla molestado con mi urgencia, pero parece ser usted
ser la única persona, sobre la faz de la tierra capaz de sobrevivir a un virus incurable!
El rey comenzó a toser, mientras yo esperaba que se calmara un poco, y continuo:
__Señora, debe encontrar “la cura”, usted ha sido bendecida por los dioses, así que
todos mis eruditos y yo sabemos que usted es capaz de curarnos de este mal infernal
que nos azota sin piedad alguna! Está en sus manos el destino de la humanidad!
El Rey parecía tener un ataque de ansiedad por lo cual, sus sirvientes me hicieron salir
de la habitación, mientras su consejero me acompañaba a la puerta de entrada diciéndome:
__Señora, vuelva usted, solo cuando haya dado con “la cura” y espero que sea antes de que
El Rey muera, si esto llegase a ocurrir, tenga por seguro que le encontraremos y ya sabe usted
el destino que le depara entonces; tenga usted unas buenas tardes!.
Como no tenía ganas de discutir con otro demente, y menos con el consejero del Rey,
me limite a decir: __Buenas tardes señor! Volveré antes que
usted tenga que ir personalmente a buscarme!
No me podía creer todo lo que estaba ocurriendo, parecía un cuento de fábula,
jamás en mi vida tuve que enfrentarme a una situación similar, todo estaba muy claro
para mí, pero no para la gran mayoría; que podía hacer? Como lo haría?. Tenía que encontrar
una forma convincente de hacerlo, además como curar un virus irreal e imaginario?
de ello dependía ahora mi vida, no podía ni siquiera pensar en encontrar al autor del libro
ya que aparte de ser un autor desconocido, había sido escrito cientos de años atrás.
Y haciéndome 20 millones de preguntas, había llegado al puerto sin haberme percatado siquiera
del recorrido, ni del tiempo; allí estaban los barcos que podían llevarme de vuelta
al Puerto Encantado que había dejado atrás , a cientos de millas de distancia,
quizá la respuesta estaba en el bosque encantado, o en las sagradas escrituras
que se llevó el anciano a su casa, y que yo misma había enterrado; o tal vez estaba
en “el corazón de la tierra” que escondí en una pequeña cueva, quizá debía llevarlo
a “la fuente de la vida” en la Cien Cavernas, que sabía bien donde estaba
y allí diseñar un “plan estratégico “que acabara finalmente con la alucinación colectiva.
Al llegar al pantalán del barco que zarparía de vuelta, una gran multitud se había concentrado allí
y pregunte a los marineros que sucedía, a lo que uno de ellos respondió:
__Es por usted Señora! La gente la ve como una eminencia, como la salvadora de la humanidad!
Yo sonreí y volví a mirar a la gran multitud aglomerada y respondí a los marineros:
__Que raro ser una eminencia de tan elevada categoría, en un mundo dominado por los hombres!
Y así emprendí el viaje de vuelta al mismo lugar que había sido mi punto de partida original.
Me parecían bestias maquilladas de humanos, como si llevaran una camisa de fuerza sujetando
su brutal instinto depredador, tal vez un complejo de inferioridad genética heredado hace eones,
para una admiradora de la naturaleza, los humanos no eran precisamente los más fuertes,
ni los más veloces, ni los más grandes; las estrellas no necesitan estudiar matemáticas para brillar,
ni al resto de seres vivientes se cuestionan su existencia, ni su propósito supremo.
Pero en fin, para un cronón, que era lo que duraría mi inspiración sobre la tierra,
mejor hacer algo útil, que esperar apáticamente “una muerte” que jamás me llegaría quizás.

Continuara…

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